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La Segib y el Vaticano defienden una inteligencia artificial que proteja la dignidad humana

El cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Secretario General Iberoamericano, Andrés Allamand, analizaron en la Universidad de Comillas, la encíclica Magnifica Humanitas de León XIV y su relación con la Carta Iberoamericana de Principios y Derechos en los Entornos Digitales

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Iberoamérica puede tener una voz propia frente a la inteligencia artificial: una posición colectiva y coherente que ponga el bien común por delante, que custodie (proteja) a las personas y las ponga en el centro y lejos de la lógica de los grandes bloques. Así lo planteó el Secretario General Iberoamericano, Andrés Allamand, en un diálogo con el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Ambos coincidieron en que la IA debe proteger la dignidad de las personas. “Iberoamérica podría no ser ni águila ni dragón y buscar una posición coherente y colectiva, en la que cada país impulse el bien común y el conjunto pese más”, afirmó Allamand, subrayando la necesidad de mantener una neutralidad y autonomía geopolítica respecto a las grandes potencias en materia de IA, y asentar una identidad propia.

El acto, Las lecciones de la Carta Encíclica Magnifica Humanitas. Una IA centrada en las personas, se celebró ayer miércoles en el Aula Magna de la Universidad Pontificia Comillas y se emitió por streaming.

“Lo humano es irreemplazable”

El cardenal Fernández abrió el evento repasando los grandes ejes de la encíclica, cuyo subtítulo, Sobre la custodia de la esencia humana en los tiempos de la inteligencia artificial, defiende que la persona es irreemplazable y exige que la IA sirva a toda la humanidad y no al poder de unos pocos, con regulación, control humano y prioridad para el trabajo y las personas más vulnerables.

Recordó que el documento advierte de lo poco que se sabe sobre el funcionamiento real de estos sistemas, que “están más cultivados que construidos”. “Pedir prudencia, controles y, en ocasiones, ralentización no significa estar en contra del progreso, sino ejercer un cuidado responsable hacia la familia humana”, señaló el Fernández.

Frente a las corrientes posthumanistas, que dan por caducada a la humanidad y proponen sustituirla, la encíclica responde con hechos históricos nacidos en momentos de crisis como fue la creación de Naciones Unidas y de la Cruz Roja o la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es una humanidad diversa, que se muestra «magnífica» cuando cuida a las personas y que, según la encíclica, «no debe ser reemplazada ni superada».

«El ser humano prospera a través de sus límites: la compasión, la preocupación por el dolor del otro. Para suprimir por completo el dolor habría que suprimir el amor», afirmó.

Fernández habló también del poder, otra de las claves del documento y advirtió de una «normalización» cultural basada en mentiras constantes, pérdida de memoria histórica y un «falso realismo político» que presenta la paz y el diálogo como utopías y la violencia como algo inevitable. “El desarrollo tecnológico imparable, que favorece a quienes tienen mucho poder, nos reta a mirar a los más pobres, que corren el riesgo de convertirse en material de descarte”, alertó.

Derechos, dignidad y responsabilidad

En un diálogo posterior entre el Prefecto y el Secretario General Iberoamericano, Allamand destacó que la encíclica marca «un antes y un después» en el debate mundial sobre la IA. “Hasta que irrumpe la Iglesia había un duopolio: las empresas, por un lado, y los Estados, por otro. La encíclica custodia algo valioso, la dignidad humana”, sostuvo.

El Secretario General propuso tres claves: proteger a las personas, hacerlo mediante derechos y establecer responsabilidades. “Los derechos nacen de la dignidad humana y el Estado debe reconocerlos. Pero eso no basta: el desarrollo de la IA es tan enorme que hay que crear derechos específicos. Si se inventan amenazas, habrá que inventar contraamenazas”, explicó.

El cardenal, por su parte, compartió ese enfoque y añadió un matiz: además de garantizar derechos, hay que explicar por qué las personas los tienen. Esa reflexión, dijo, es necesaria “para que dentro de diez años los cambios culturales no lo cambien todo”.

Allamand también señaló otro punto del texto del Vaticano en cuanto a la paz y la guerra en un momento en el que el mundo vive el punto más álgido de conflictos y guerras. Frente a quienes defienden que el orden internacional funciona mejor cuando cada país antepone su interés, reivindicó el texto de León XIV al hablar del valor del multilateralismo y de un mundo en el que no primen los intereses particulares.

Durante el turno de preguntas, el cardenal recordó que la encíclica también aborda las nuevas formas de esclavitud, como la trata de personas o las adicciones, ligadas al poder. Allamand alertó de que el ambiente de las redes sociales “está generando una nueva esclavitud” en la que no hay deliberación ni reflexión, y animó al público a leer la encíclica: “En contra de un mundo sin tiempo, regálense esas dos o tres horas”.

La Carta Digital, una respuesta iberoamericana

El Secretario General vinculó los principios de la encíclica con la Carta Iberoamericana de Principios y Derechos en los Entornos Digitales, aprobada por los 22 países en la Cumbre de Santo Domingo, en 2023. “Iberoamérica puede generar una opinión común en la línea de la encíclica, y lo estamos haciendo con la Carta Digital. Desde hace cuatro años trabajamos para que los países recojan ese espíritu”, afirmó.

La jornada continuó con la mesa de debate sobre el mismo tema en la que participaron el escritor y filósofo José María Lasalle; la filósofa y economista Marta Pedrajas, y Alejandro Kawabata, director de Asuntos Jurídicos de la Segib.

Lasalle pidió un cambio urgente. “Ralentizar el proceso no es suficiente. Hace falta cuestionar el sistema y ponerla conciencia a la IA”, señaló. Kawabata destacó que la encíclica recupera la primacía del trabajo humano sobre cualquier lógica financiera o productiva y pidió evaluar la tecnología pensando a quién sirve, quién la controla y quién se beneficia. Por su parte, Pedrajas hizo hincapié en vincular educación y verdad y pidió una alianza por la educación, como forma de revolución.

Rumbo a la Cumbre de Madrid

Con este encuentro, la SEGIB reafirma su apuesta por una transformación digital con rostro humano, que ponga la tecnología al servicio de la dignidad de las personas, la cohesión social y la reducción de las desigualdades. La Carta Iberoamericana es el marco común con el que los 22 países se comprometen a que la inteligencia artificial y los entornos digitales amplíen derechos, en lugar de limitarlos. El diálogo con la Santa Sede y el mundo académico forma parte de esta agenda, que la Comunidad Iberoamericana llevará a la XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid, en noviembre.