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MITIGACIÓN Y ADAPTACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO

RESILIENT HIGHLANDS

Jóvenes mayas en agricultura sostenible

Sembramos resiliencia. Cosechamos Sostenibilidad.

Resilient Highlands es una iniciativa de alcance local y municipal con proyección nacional, desarrollada en San Juan Comalapa, Chimaltenango, en el marco del Proyecto Altiplano Resiliente. Desde 2021, un grupo de 30 jóvenes indígenas mayas, organizados en la Asociación de Productores Comalapenses (ASPROC), impulsa prácticas agrícolas sostenibles que integran saberes ancestrales con tecnologías modernas.

Las acciones incluyen la construcción de invernaderos adaptados al clima del altiplano, la producción de bioinsumos naturales y el rescate de técnicas tradicionales de cultivo vinculadas al calendario lunar y a la cosmovisión maya. Esta combinación de conocimiento ancestral y ciencia moderna promueve una agricultura resiliente, eficiente y respetuosa del entorno.
El programa no solo fortalece la seguridad alimentaria local, sino que también forma a jóvenes como líderes comunitarios frente a la crisis climática, generando beneficios económicos y sociales que reducen la migración forzada y reafirman la identidad cultural.

Contexto

El altiplano guatemalteco es una región altamente vulnerable al cambio climático. La erosión de los suelos, la pérdida de cobertura forestal, la disminución de fuentes de agua y los patrones de lluvia impredecibles han afectado profundamente los medios de vida rurales. A ello se suma la falta de oportunidades laborales para la juventud, lo que impulsa la migración hacia centros urbanos o al extranjero.

Resilient Highlands surge como una respuesta integral a estos desafíos. Su propósito es regenerar los ecosistemas agrícolas y fortalecer la economía local mediante la producción sostenible. Al promover sistemas agroecológicos con invernaderos, biofertilizantes y cultivos nativos, la iniciativa mejora la fertilidad del suelo y la productividad de manera sostenible, incluso ante condiciones climáticas adversas.

Al involucrar directamente a jóvenes indígenas, mujeres y familias campesinas, el proyecto recupera el tejido social comunitario y coloca a las juventudes como protagonistas del cambio. De esta forma, contribuye a reducir la inseguridad alimentaria, la desigualdad territorial y la migración forzada, garantizando un futuro digno y sostenible desde los territorios.

Gracias al proyecto, varios jóvenes han podido continuar sus estudios a nivel básico, diversificado y universitario, demostrando cómo la agricultura sostenible puede convertirse en un motor de movilidad social. El impacto de Resilient Highlands se mide no solo en términos productivos, sino también en autoestima, liderazgo y permanencia en el territorio, al ofrecer alternativas reales de vida en armonía con la naturaleza, por tanto, los resultados de Resilient Highlands son medibles en tres dimensiones: ambiental, social y económica.

En el plano ambiental, la producción sostenible bajo invernadero ha reducido la erosión y ha mejorado la retención de nutrientes del suelo. La utilización de biofertilizantes elaborados con materiales orgánicos locales disminuye el uso de agroquímicos, contribuyendo a la conservación de la biodiversidad y la salud del ecosistema. La producción de tomates, supera los rendimientos de la agricultura convencional.

En el plano social, el proyecto ha promovido la participación equitativa de jóvenes y mujeres, impulsando la creación de liderazgos rurales comprometidos con la sostenibilidad y el bienestar comunitario.

Finalmente, en el plano económico, la creación de cadenas cortas de comercialización y el acceso a mercados diferenciados han fortalecido la autonomía de las familias productoras. La instalación de un vivero forestal y la plantación de especies nativas fortalecen la gestión del agua y la reforestación del territorio. Durante el primer trimestre de 2023, el grupo cosechó más de 30,000 libras de tomate de manzano, abasteció el autoconsumo familiar, produjo plantas nativas para la elaboración de bioinsumos, reforestó 13.11 hectáreas y distribuyó más de 17,000 plantas forestales en la región, consolidando así su impacto socioambiental.

En conjunto, estos logros hacen del proyecto un modelo de resiliencia comunitaria que integra conocimientos tradicionales, innovación tecnológica y acción climática juvenil.

Replicabilidad

La experiencia de Resilient Highlands es fácilmente replicable en otros territorios iberoamericanos con condiciones agroclimáticas y socioculturales similares, como los Andes de Perú, Bolivia o Ecuador. Su éxito se basa en un modelo híbrido que articula la sabiduría local con la tecnología apropiada, lo que permite adaptarlo a distintos contextos.

Además, aborda un desafío regional compartido: la migración juvenil derivada de la falta de oportunidades rurales. Su réplica puede fortalecer la permanencia de las juventudes en sus comunidades, conservar culturas ancestrales y promover una agricultura sostenible que regenere los ecosistemas locales.

El modelo puede ajustarse a distintos niveles de inversión. En zonas con recursos limitados, puede iniciar con invernaderos familiares de pequeña escala y ampliarse progresivamente; en contextos con apoyo institucional, puede integrarse en políticas públicas de desarrollo rural y adaptación climática. Su enfoque intercultural y su énfasis en la formación juvenil lo hacen idóneo para diversas realidades rurales de la región.

Escalabilidad

El modelo ya demuestra resultados tangibles en San Juan Comalapa y puede expandirse a otros municipios del altiplano guatemalteco. ASPROC ha manifestado su interés en acompañar procesos de formación y réplica en comunidades vecinas, donde los propios jóvenes se convierten en multiplicadores de buenas prácticas.

La iniciativa forma parte del Proyecto Altiplano Resiliente, respaldado por el Green Climate Fund y la UICN, lo que abre la puerta a una escalabilidad institucional y programática a nivel nacional.

Para ello, se requieren recursos financieros (microcréditos o fondos comunitarios para infraestructura), técnicos (formación continua en agroecología y gestión empresarial) y naturales (acceso a tierra y agua). También es esencial fortalecer las redes de comercialización local y regional para garantizar la sostenibilidad económica del modelo.

EN RESUMEN…

Como juventudes, hemos sido históricamente invisibilizadas en la formulación de políticas ambientales, especialmente en los territorios indígenas. Se nos menciona como una población en crecimiento, pero rara vez se destinan recursos que reconozcan nuestro papel como agentes de cambio.
Desde ASPROC, las juventudes rurales de Comalapa demostramos que la acción climática puede nacer desde lo local, cuando se confía en las capacidades de la juventud. Nuestra propuesta es clara: transformar la agricultura desde el conocimiento ancestral, la innovación y el respeto por la Madre Tierra.

Producimos alimentos sanos, regeneramos los suelos y mantenemos vivas nuestras raíces culturales. Queremos inspirar a otras juventudes de Iberoamérica a quedarse en sus comunidades, a no migrar por desesperanza, sino a permanecer por convicción.

Resilient Highlands demuestra que cuando la juventud tiene oportunidades, la esperanza florece junto con la tierra.

TESTIMONIO

Gladys Caté, joven maya kaqchikel de 24 años, se graduó como Perito en Industria Alimentaria en 2019. Ante las dificultades económicas y la falta de empleo, consideró migrar, pero su participación en el Proyecto Altiplano Resiliente transformó su trayectoria.
A través del cultivo sostenible de tomate, Gladys logró generar ingresos estables que le permitieron continuar sus estudios universitarios en Ingeniería Agronómica. Hoy es un referente de liderazgo juvenil y comunitario.
Junto a sus compañeros y compañeras, consolidó prácticas que combinan conocimiento ancestral con innovación:

a) Uso de plantas nativas para elaborar bioinsumos.

b) Manejo agronómico basado en fases lunares y el calendario agrícola maya.

c) Trabajo colectivo con énfasis en la participación de mujeres.

d) Cooperación orientada a la comercialización justa y sostenible.

Su historia refleja el espíritu de Resilient Highlands: demostrar que las juventudes rurales pueden liderar la transformación climática desde sus propios territorios.

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