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Cooperación iberoamericana en acción: TECHO construye 19 viviendas resilientes en Río de Janeiro»

TECHO, uno de los 31 programas de cooperación iberoamericana impulsados por la SEGIB, levanta 19 viviendas resilientes en Jardim Gramacho, un nuevo piloto de la vivienda de TECHO, más resiliente al cambio climático.

TECHO
Fotos: Ueslei Marcelino

Cuando llueve, Victoria y su hija Ester se acurrucan bajo un techo de madera que no aguanta el agua y rezan hasta que pare la tormenta. Aquí, en el que un día fue el mayor vertedero de Latinoamérica, 19 casas nuevas están cambiando esa espera gracias a TECHO, organización que ya ha construido más de 150.000 viviendas de emergencia y definitivas en toda la región.

En Jardim Gramacho, a tan solo 30 kilómetros de las playas más emblemáticas de Río de Janeiro, la precariedad de la vivienda convive con el acceso limitado a servicios básicos y una economía informal que empuja a miles de familias a una situación de vulnerabilidad.

Victoria conoce bien esa realidad. Llegó al barrio hace dos años junto a su hija Ester y desde entonces su día a día transcurre en una chabola de madera que construyó con sus propias manos: «Cuando llueve mucho se moja aquí encima y cae una cascada”. Su hija, cuenta, se pone nerviosa cada vez que comienza la lluvia  y ella, a veces, llora: «No tengo qué hacer», agrega.

Es aquí donde TECHO —presente en 18 países de América Latina y el Caribe y uno de los 31 programas de cooperación iberoamericana impulsados por la SEGIB—, ha comenzado una nueva jornada de construcción. No es la primera vez: Jardim Gramacho fue, en 2014, el primer territorio donde la organización construyó en Río de Janeiro. Desde entonces se han levantado más de 200 casas en el asentamiento donde la renta media de las personas es de 800 reales, unos 26 reales por día.

Esta última jornada movilizó a 200 voluntarios para construir 19 viviendas resilientes, de un montante que ha beneficiado a 25 familias. Un modelo codiseñado con las propias comunidades y pensado para enfrentar las condiciones climáticas extremas. «Este modelo trae mucho confort dentro de las casas», explica Beatriz Fraga, Gestora de TETO (TECHO) en Río de Janeiro. Las viviendas construidas, asegura, tienen una ventilación propia, una iluminación que permite no tener humedades ni moho.

“Hemos acompañado familias enteras que tienen hijos con históricos de bronquitis o con alguna enfermedad de piel debido al contacto de las casas de madera con el suelo. Por eso hay niños y mayores hablando de la importancia del trabajo de TETO”, afirma.

Durante 48 horas y entre extenuantes jornadas de trabajo, los voluntarios levantaron con sus manos cada una de las viviendas. Entre ellas se encuentra Daniela Freitas, una carioca que llegó a Jardim Gramacho para colaborar en la construcción gracias a la indicación de una amiga, y que contribuyó a levantar la casa de Victoria y su hija.

“Victoria me enseñó sobre resiliencia, que las cosas pueden y van a mejorar”, apunta.

Para Victoria, el cambio tiene formas concretas: «Estoy muy feliz con esa expectativa de arreglar, de decorar, poner un corazón, poner una cortina». Sueña con acostar a Ester en una buena cama, preparar una buena comida, encender la televisión y quedarse viéndola juntas, aunque llueve.

Su historia  visibiliza cómo el trabajo de la cooperación iberoamericana puede generar impacto real en territorios concretos. 

“La cooperación es parte fundamental para poder llevar este proyecto no solo a los seis países donde hemos hecho este piloto de vivienda, sino al resto de los 18 países en los que trabajamos», afirma Ramiro Pérez, director de Fundraising y Cooperación de TECHO Internacional, sitúa el proyecto en una escala mayor

Sobre TECHO

TECHO es una organización conformada por jóvenes voluntarios/as que buscan mejorar las condiciones de vida de familia que viven en asentamientos populares en América Latina y el Caribe por medio de la construcción de viviendas y otros proyectos comunitarios.

Fundada en 1997 en Chile, la organización se ha expandido a 18 países de la región, movilizando a cientos de miles de voluntarios que han construido más de 150.000 viviendas de emergencia. Su modelo de trabajo se basa en tres pilares: la construcción de viviendas como puerta de entrada a las comunidades, el desarrollo comunitario a través de programas de educación, salud y empleo, y la generación de evidencia para incidir en políticas públicas que transformen las condiciones estructurales de la pobreza.